EL CONCIERTO DEL AÑO EN BARCELONA
Bruce Springsteen entusiasma en un Sant Jordi abarrotado
El músico presenta "The rising" ante 18.000 seguidores y dedica "Born in the USA" a la "tragedia de Bali" El regreso a Barcelona de Bruce Springsteen volvió a saldarse anoche con uno de esos éxitos que, aunque repetidos, no dejan de ser históricos. En esta ocasión, además, con la aparente difícil tarea de presentar en directo un puñado de canciones de no fácil digestión, como son las que conforman "The rising". Este disco -que asombrosamente llegó a lo más alto de las listas de ventas españolas en pleno monopolio de Bisbal,Ubago, Bustamante o Rosa- fue desgranado ayer con generosidad en un Palau Sant Jordi abarrotado por 18.000 fieles llegados de los cuatro rincones del Estado. Algunos de ellos durmieron cuatro días a las puertas de edificio de Isozaki.
Se trataba del único concierto español de la gira europea que arrancó el pasado lunes en París y cuyo resumen fue una de las noches más irrepetibles vividas en el pabellón olímpico, repleta de electricidad, magia y con una sintonía rayana en el delirio entre artista y público. No en balde la cita había despertado una expectación sin parangón (las entradas para este concierto se vendieron en cinco horas y en la reventa se llegaron a pagar hasta 100 euros por una).
Puntualmente, a las 21 horas, y debido a la transmisión en directo del concierto por la cadena MTV, el Boss abrió la función con "The rising" y "Lonesome day", para a continuación dirigirse al tendido con un vernáculo "Gràcies. Com esteu? Estic content de estar aquí".
A lo largo de más de 20 canciones, Springsteen y su legendaria E Street Band al completo se metieron al público en el bolsillo: dos horas y media de pasiones. Un público intergeneracional -desde cincuentones coetáneos del héroe de Nueva Jersey hasta numerosos veinteañeros que aún no habían nacido en la época de "Born to run"- demostró haberse aprendido con vocación de monaguillo algunas de las composiciones más emblemáticas de "The rising" y saberse de carrerilla joyas ya históricas como son, entre otras, "She's the one", "Badlands" o "Born in the USA". El Boss recordó que escribió esta última canción, todo un himno antibelicista, contra la guerra de Vietnam. "Hoy la dedico ante la tragedia de Bali", dijo en medio de una ovación cerrada.
Springsteen aprovechó su concierto para criticar la política belicista de Bush. En un breve aparte con periodistas de TV3, el músico, que siempre se ha caracterizado por ofrecer una respuesta firme, pero proporcional y sin soflamas vengativas a los ataques terroristas que sufrió su país el 11 de septiembre, hizo una apuesta por el diálogo antes de prender una nueva guerra. "Creo que en Estados Unidos -e intentaré hablar como ciudadano norteamericano- la gente tenía el sentimiento de que la guerra con Afganistán era inevitable. Fuimos tratados de forma muy perversa y la gente entendió lo que hacíamos allá, en cambio, pero ahora hay un sentimiento muy fuerte entre la gente de que la guerra con Iraq es una guerra discutible y hay mucha ambivalencia e inseguridad respecto a la política exterior de la administración Bush: no se sabe hacia dónde va", afirmó el cantante. "Personalmente creo que se tendría que trabajar conjuntamente con la ONU. Es importante agotar las vías diplomáticas antes que poner vidas en peligro, pero esta sólo es la opinión de un músico." Y qué músico, pensarían sus enfervorizados seguidores.
Con una escenografía sobria y una vestimenta igual de neutra (tonos grises, trajes oscuros), Springsteen dio la bienvenida a su nutrida legión de acompañantes: los teclistas Danny Federici y Roy Bittan; el bajista Garry Tallent; el batería Max Weinberg, el saxofonista Clarence Clemons; su mujer Patti Scialfa (voces, guitarra acústica); los guitarristas Nils Lofgren y Steven van Zandt, y la violinista Soozie Tyrell. Sin duda, una de las formaciones más compactas de la actual escena rockera en la que destacaron con luz propia el antiguo guitarrista de Neil Young (Lofgren), con su primoroso trabajo, ahora sacando los acordes más sucios de la eléctrica, ahora pespuntando nostalgias con el banjo o la steel guitar, y la presencia de Scialfa, que, una vez superada su etapa más pasiva, cumplió con indesmayable esfuerzo su función de vocalista.
Con precisión de metrónomo, las canciones fueron cayendo, incluyendo una larga decena de composiciones de su reciente disco (desde las eufóricas "Waitin' on a sunny day" y "Mary's place" hasta las desoladoras "Empty sky", "You're missing" o "Into the fire" pasando por "Worlds apart" o la espléndida "My city of ruins") y una cantidad similar de piezas de todo gusto y condición. El Sant Jordi, como aconteció hace unos días en París, fue anoche una fiesta.
Una fiesta que seguirá por otras ciudades de Europa: Bolonia, Berlín, Rotterdam, Estocolmo y Londres, aunque no se descarta que en la primavera vuelva a España, donde ya habría apalabrado cinco ciudades para otros tantos conciertos al aire libre.
El circo que mueve Bruce Springsteen es impresionante, como la perfección de su puesta en escena.Todo el montaje técnico para el concierto se desplaza en nueve camiones tráilers, mientras que el transporte privado del músico y su equipo requiere de dos aviones chárter. En Barcelona, además, dispuso de un coche blindado. Su material técnico desplaza unas 30 toneladas de equipo de sonido y luces. En total, según Doctor Music, son unas 150 personas de gira, entre personal técnico y artístico, a las que se suman otras 150 en cada ciudad para el montaje y desmontaje y 250 más encargadas de la seguridad. Toda una máquina ideada para disfrutar, como sintetizaba en inglés una enorme pancarta colgada anoche por la afición: "No cambies nunca. Estamos contigo, como ya sabes. Eres el Jefe. Vuelve cuanto antes, si es posible".
LA CIUDAD AFORTUNADA
El 9 de abril de 1999 el Palau Sant Jordi fue el marco de la última presencia de Bruce Springsteen en tierras españolas. La ciudad ya había acogido en 1996 la actuación del Boss en solitario en el Tívoli
UN DISCO SURGIDO TRAS EL 11-S
"The rising" (El renacer) reúne quince temas con el 11-S de telón de fondo. Springsteen fue uno de los primeros en apostar por el recuerdo de la tragedia con un mensaje conciliador, sin revanchismo
EN LA CARRETERA POR VOCACIÓN
La E Street Band está formada por músicos veteranos y enérgicos. Como el sexagenario saxo Clarence Clemons o los teclistas Roy Bittan, Danny Federici y el batería Max Weinberg

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