East Rutherford, New Jersey, 7 de Agosto de 2002.

Rolling Stone USA, nº904, Septiembre de 2002

Noche de debut plagada de momentos estelares. East Rutherford, New Jersey, 7 de Agosto de 2002.

Cuando Bruce Springsteen tomó el escenario en el concierto con el que dió comienzo a su mega-gira de un año de duración, transmitía el aspecto de un hombre que va a enfrentarse a un duro trabajo. Sin sonreir -esto no es un juego, ni la celebración de la Gira de Runión- se plantó frente al micrófono, pronunció un frío "buenas noches" y la E Street Band, con el refuerzo de la violinista Soozie Tyrell arrancó con un intenso The Rising, canción que dá título al nuevo álbum del de New Jersey. Springsteen literalmente machacaba su guitarra, cantando con la misma intensidad intimidatoria con que escupía los versos de Born in The USA en 1984. Vestido de negro, al igual que la mayoría de los miembros de la banda y con el escenario, tal y como mandan los cánones de Springsteen, diseñado para cualquier cosa excepto para distraer al público de la música o de sus ejecutantes... y como siempre en el caso de está máquina de Rock, la música fue ejecutada con energía, resolución y esa disciplina que haría posible que hasta el ruido se conviertiese en arte. Ante todo hay que hacer un apunte, la primera parte del show es increiblemente intensa, devolviéndonos al Springsteen más furioso que podamos recordar y a la E Street Band más dominada por las guitarras de su historia... pero esto no es una fiesta, la cosa esta vez va en serio.

Es sorprendente lo bien que encajan las nuevas canciones en el contexto de un mega-concierto. Y digo que es sorprendente, porque en principio temas como Into The Fire, Empty Sky, You´re Missing o The Fuse, se mueven en parámetros muy alejados de los del Rock masivo. Pero la propia reacción del público, unido al tópico del carisma de Springsteen y la fuerza de la E Street Band hacen el milagro posible.

Con todo, el show tuvo algunos de los defectos propios de este tipo de debuts. Los arreglos de las nuevas canciones aún no están del todo adaptados al directo, los miembros del equipo deambulando por el escenario con frecuencia dando los últimos retoques, la sincronización de la iluminación aún no está del todo afinada... pero Springsteen es el único artista capaz de imponerse sobre cualquier realidad por muy adversa que sea. Y así, tema a tema, el show fue derivando hacia lo que los shows de Bruce siempre han sido: celebraciones de Rock ´n Roll, de su fuerza, de su capacidad para tocar instantáneamente el corazón del más frio de los espectadores.

The Rising está convirtiéndose poco a poco en un monstruo mayor de lo que su creador parece haber previsto. El propio Bruce se quedó petrificado al ver la reacción absolutamente entregada del público ante las primeras notas de Waiting on A Sunny Day. Parece imposible pensar que ese tema forme parte del repertorio de un álbum que vió la luz apenas una semana antes de que tuviera lugar este show. Y aún más histérica fue la reacción del público ante Mary´s Place... con un Springsteen totalmente entregado, pidiendo a la más demoladora banda que han visto los últimos 25 años de la historia del Rock, que aún diese un poco más. No merece la pena entrar en detalles. Solo si uno está presente es capaz de entender las indescriptibles emociones y fuerza que este hombre sigue transmitiendo pasados los 50 años.

A la hora de desgranar los bises, Born to Run, un festivo Glory Days y Thunder Road pusieron el punto de nostalgia y romanticismo a una noche que hizo posible que Bruce Springsteen convirtiese en realidad el mensaje que lleva intentando transmitir desde que iniciara su carrera artística. Mensaje que se resume gracias a los 2 temas que cerraron una noche memorable: Una colérica Born in The USA y la emotiva Land of Hope and Dreams. Finalmente Bruce ha encontrado el equilibrio que tanto ansiaba: La crónica de la América más despiadada redimida por la generosidad de sus héroes anónimos.