Cuando el Palau Sant Jordi se resignaba a malvivir como escaparate de guapos que cantan -Luis Miguel, Miguel Bosé, Chayanne-, volvió el rock. No obstante, Bruce Springsteen debe ser evaluado por su presente, además de por su prestigio, y The Rising es un disco insólito en su carrera. Navega en el inmenso océano que hay entre Lucky town, el mejor de sus dos peores discos, y Tunnel of Love, el menos redondo de sus clásicos. Es un disco correcto, sí, pero correcto es un calificativo insólito para una obra de Bruce Springsteen. Aunque si nos hemos acostumbrado a Patti Scialfa, ¿cómo no nos vamos a acostumbrar al nuevo disco? The rising aporta al menos seis títulos para enriquecer sus directos -otro hecho insólito en un artista con tres décadas de recorrido-, pero su irregularidad podía contagiar su presente gira. Podía. Hoy ya no cabe duda: Bruce es de otra pasta. Sus canciones no pierden vigencia. Están hechas de sentimientos y despiertan sentimientos. La diferencia es que hoy el rockero compone de forma más funcional, menos poética. Es la distancia que media entre Waitin' on a Sunny Day y The Promised Land, aunque ambas emocionen por igual. Media un abismo entre el rock de fogueo de The rising y Lonesome Day y el rock ardiente de Prove it all Night y Badlands, pero Springsteen y la E Street Band sacaron adelante lo uno y lo otro. Contagiado por la exultante energía que salía del escenario, uno sólo extirparía Into the Fire y Worlds apart. Y aun así, las escenas memorables ganan por goleada y minimizan cualquier objeción. Y eso también es insólito en un artista con tantas giras a sus espaldas. El bloque intimista con Empty Sky y You're Missing sólo fue superado por ese escalofriante Spirit in the Night cantado al piano. Un nudo en la garganta. Fue como ver a un arqueólogo desenterrar la túnica sagrada. Le robó el clímax a Incident on 57th Street, a Born to Run y a Thunder Road. "No puedes encender fuego sin una chispa", había cantado en Dancing in the dark. Su repertorio la tiene. El clásico, parte del nuevo e incluso esta canción. Tiene tanta chispa que su autor quiso improvisar y casi la rompe. En muchas de las peticiones incorporadas al show, la banda sonó imprecisa, pero no se trataba de tocar las mejor ensayadas, sino las que más podían satisfacer al público. En el 2002, Springsteen ya no necesita exhibirse: prefiere hacer sentir bien al prójimo. Estuvo espléndido en el circo (Mary's place) y en la iglesia (My city of Ruins, Land of Hope and Dreams), aunque en la tribuna política cada día es más ambiguo. Born in the USA no critica la guerra del Vietnam; describe la dura reinserción de sus combatientes. Hoy es una plegaria por la paz. Bruce es insuperable musicando sentimientos, pero no hace las preguntas que no debe. No es un observador inquieto ni en tensión creativa. Es un reverendo del rock. Este nuevo oficio puede frenar su crecimiento artístico, pero anteanoche se agradeció. Acaba el concierto y no importa que no haya taxi, que llueva, que la cama esté fría, que mañana haya que madrugar. Sus canciones nos han hecho sentir bien. Nos han salvado. Para eso sirve la música. Para eso sirve Bruce Springsteen. NANDO CRUZ
|