Crónica Big, 19/10/2002

“Bona nit Barcelona!” Todavía no puedo creérmelo. Estoy flotando. La emoción me embarga, ayer viví una de las mejores experiencias de mi vida. Sin duda la mejor musicalmente hablando. Nada que ver con el rock. Eso no era rock, éso era Rock&Roll auténtico, puro y duro. Y lo viví en directo y justo enfrente de The Boss, a partir de ayer The God para mi. Sólo había asistido a aquel fantástico segundo concierto en Barcelona en el 99, cuando estuve de mitad hacia atrás de la pista.. En aquella ocasión no pude sentir de la misma forma que esta vez el Rock&Roll en mis venas. Esta vez yo estaba a un solo metro de tocar con mis propias manos a Bruce o al gran Clarence Clemons. No lo toqué, pero la cuestión no era tocarlo, sólo es un hombre, la cuestión era sentirlo, notar todo aquello que quería transmitir y de hecho me transmitió tanto a mi como a los 20.000 que me acompañaron. Nada que ver con el 99. Han pasado tres años. Yo tengo ahora tres más, Bruce tiene 30 menos. Tampoco es comp!
arable verlo a mitad de pista que a un metro, donde pude ver todas sus expresiones faciales, su complicidad con la gente que tiene más cerca. Me sorprendió muy gratamente. No es aquella típica estrella que va de diva por la vida, que establece un muro entre ella y la gente; ahí no había muro, no había nada, sólo diálogo y puro rock. Saludaba a la gente, nos guiñaba el ojo, el gran Big Man guiñó el ojo a mi compañera en un saludo que le lanzamos durante un impresionante solo de Bruce al otro lado del escenario. Son detalles que sólo se captan estando ahí en primera fila.

“Com esteu? Estic molt content d’estar aquí!” Buen catalán, sí señor! Está en forma, y eso se nota en sus saltos, sus deslizadas por delante de mis narices con las rodillas por delante, su voz. El resto, la banda, genial, pero eclipsada por un Bruce absolutamente impresionante. Sólo el carisma de Clarence le robó un poco de protagonismo en algún momento, en que la gente empezó a corear su nombre y Bruce se hizo el celoso. De repente ordenó silencio al personal. Risas. La gente obedeció al jefe. Bruce jugaba con nosotros, y se divertía. No pude quitarme la sonrisa de la cara en toda la noche. Sólo lo consiguieron sus perfectas Empty Sky y You’re Missing, en las que las lágrimas afloraron en mis ojos, y su magistral interpretación al piano él sólo(con equivocación incluida, olvido de la letra, risas y otra vez complicidad con el público) de Spirit in the Night y Incident on 57th Street, auténticas reliquias en oro desempolvadas para la mágica noche. No hubo presentaciones delant!
e de las canciones, sus canciones se presentan por sí mismas, pero no dejó de haber diálogo con la gente. Al empezar Empty Sky Bruce pidió silencio al Palau en catalán, “us demano una mica de silenci, sisplau”, correctísimo. El Palau guardó riguroso silencio, se apagaron las luces y se llenó de mecheros. La piel de gallina. Al igual que en My City Of Ruins, con luces encendidas, un Palau repleto hasta la bandera con las manos alzadas praying for your love, Lord.

En unos tiempos en que los fans son tan efímeros como los cantantes o pseudo-cantantes a los que idolatran, ayer estábamos nosotros y él; él cantaba para nosotros y nosotros se lo agradecíamos como podíamos. ¿Cómo agradecerle a un mito como Bruce Springsteen lo que ha hecho por la música y por el Rock&Roll y por nuestras vidas, todos los momentos en los que su música nos ha acompañado y los momentos en que lo hará aún? Una chica me comentó:”Si sólo pudiera coincidir con él un minuto, y agradecerle en persona todo eso, estrecharle la mano por un momento y preguntarle qué tal le va todo a ese hombre?” Porque sólo es eso, un hombre. Pero qué hombre. Tiene a las chicas locas, desde veinteañeras hasta cincuentonas. Springsteen no es un fenómeno de masas. Es un currante del Rock&Roll, con un público inteligente que va más allá de escuchar una bonita melodía, se trata de recibir un mensaje, el que el señor Springsteen nos sabe transmitir tan bien, especialmente en vivo. Me topé con g!
ente de 18 años, más de la que esperaba, seguramente después de lo de ayer habrán descubierto que hay vida más allá del aserejé.

Fue tan mágico que ni siquiera tuve tiempo para fijarme en la chica despampanante que me acompañaba. Sólo tenía ojos para él y su banda. Cualquier persona, aún sin comulgar con el estilo de música que hace el boss, hubiera salido impresionado de la noche de ayer, y habría descubierto la fuerza del Rock&Roll. Bruce acabó con las fuerzas de todos nosotros. Parece mentira. Tiene 30 años más que yo y no podíamos seguirle. Y él hubiera seguido si el de ayer hubiera sido el último concierto de la gira, pero hay que dosificar. Su camisa empapada en sudor lo decía todo. El Boss hubiera arrasado en cualquier concurso de camisetas mojadas. Las gotas caían por sus codos casi sin pausa, una de ellas impactó en mi compañera; no se lavará la cara nunca...

Gente de todas partes, parece mentira pero Barcelona debe tener algo especial. Todo el Palau al unísono “Bruce, Bruce, Bruce!” y él lo agradeció con una noche mágica. Desde la nueva World’s Apart hasta la mítica Born To Run con la fuerza de siempre, se metió a todos en el bolsillo desde que apareció en el escenario, en el que cada minuto que pasaba yo lo notaba más a gusto con nosotros. “Aquesta cançó parla de la guerra del Vietnam, avui la toquem com una pregaria per la pau”. En Born In The USA, en versión eléctrica, lanzó un recadito al amigo Bush, paz, y no vuelvan a malinterpretar mi canción! Acabó con locura eléctrica, el palo del micrófono de Bruce también nos deleitó con unas estridencias sobre las cuerdas, sólo faltó estrellar las guitarras contra el suelo! (o quizás mejor no). Waitin’ on a Sunny Day fue el nuevo Hungry Heart, en perfecta sintonía con el público nos hizo empezar a quedarnos afónicos. Alternando canciones de su último álbum con las de siempre, se compro!
bó que las nuevas tiran tanto como las otras. Más de 10 minutos de Mary’s Place para presentar a la banda, haciendo corear al público “Let it rain, let it rain....” y “Turn it up turn it up!”, y la ya mítica frase “Do I have to say his name?!” para presentar a Big Man. La versión más eléctrica de Dancing In The Dark nos hizo saltar como nunca, sonaba maravillosa, y gustó hasta a los que creían que era una canción pop. En Badlands saltamos de nuevo, es una canción para la que no pasa el tiempo, siempre la tocan igual y siempre es un éxito. En cuanto a Ramrod, fue de lo mejor de la noche.

Bruce saltó como un poseso, y lo más divertido y lo mejor se lo perdieron en la MTV. Espectacular el baile de espaldas al público a dúo con Big Man, con meneo de panderos incluido, que hizo enloquecer a todo el sector femenino del Palau, y a gran parte del masculino. No menos espectacular y gracioso el baile de Bruce entre dos canciones cuando el público empezó: “ooee, oe oe oeeeee, ooeeee, ooeeee!” sintiéndose campeones por estar allí esa noche en ese momento frente a ese genio. En uno de los bises nos ofreció la magnífica Night, presuntamente a petición del entrevistador Fuentes, cuyo programa tiene como sintonía principal esa canción. A Nils y Steve les dejó un solo a cada uno en todo el concierto, las migajas, él es la estrella. Pero Nils Lofgren sigue siendo el verdadero maestro de las guitarras. Yo no entiendo de guitarras, pero sacaba una distinta para cada canción, incluso una especie de banjo, y las toca de todas formas, en horizontal, en vertical y como le echen. Lo !
que es realmente impactante es tener a ese mastodonte de 2 metros y 60 años aunque no los aparente, el gran Clarence “Big Man” Clemons, enfrente cogiendo cualquiera de los dos saxos que llevaba y marcándose uno de esos solos tan característicos de las canciones del grupo. Igual de impactante es verle al cabo de un rato con una pandereta o un simple platillo, o unas maracas, sonriendo tan feliz, un hombre tan grande con un instrumento tan...pequeño. O con un rostro serio, que daba hasta miedo, en las canciones más serias, como My City Of Ruins, con las manos juntas rezando. En cuanto a Max Weinberg es un espectáculo verlo en directo y lo mejor es que no necesita de una súper-melena ni de movimientos esquizofrénicos sobreactuados para darlo, se basta de una capacidad asombrosa para golpear la batería con tanta fuerza como elegancia y precisión. En cuanto al resto de la banda creo que es innegable que son un grupo de músicos magnífico. Hay que destacar cómo disfrutan de su trabaj!
o, se les ve tan a gusto, y éso, teniendo en cuenta que son ricos y podrían dedicarse a vivir del cuento como otros pseudo-mitos del Rock&Roll, tiene mucho mérito.

Cualquiera querría tener un jefe como Bruce en su empresa. Él ordenaba con su particular simpatía, y la gente obedecía encantada. En un momento nos hizo callar, y obedecimos, pero empezamos a seguir la canción, él nos mandaba callar de nuevo con una sonrisa en la cara, no le hicimos caso y él se rió, debió pensar: “Qué incorregibles”. Y mientrastanto aquella comunicación, sobretodo con los que estábamos tocándole los pies, iba aumentando y haciendo cada vez más mágica la noche. Su harmónica, poderosa harmónica, levantó al público como siempre lo ha hecho en The Promised Land. Al finalizar el concierto Patti Scialfa alertó a Bruce de un letrero en primera fila. La harmónica fue a parar a un chico que tenía yo delante, de los pocos que estaban delante mío, que se la pedía mediante cartel improvisado en un cartón de caja de J&B como ilusión de su vida. Deseo concedido. El Palau Sant Jordi pidió a Bruce que se estirara y le deleitara con una de sus obras maestras, Thunder Road, en!
una pausa entre canciones. Bruce escuchó pero siguió con sus bises establecidos hasta el final. Max entregó los palos al público tras la canción que debía acabar con el espectáculo, Land of hope and dreams, y se despedían. Barcelona volvió a pedirle Thunder Road. Deseo concedido. Otro bis. Bruce hizo un gesto con la mirada a Max, imperceptible desde media pista, y el jefe mandó una canción más. Enloquecimos. El Jefe se rió cómplicemente como toda la velada, y nos hizo callar. De repente mira al público con esa sonrisa casi maliciosa, lleva su mano hacia atrás y saca su harmónica del bolsillo, la gente grita y vuelve a hacernos callar, así varias veces. Él seguía sonriendo. Y sonó Thunder Road, a partir de ayer, el himno de Barcelona. Qué regalo!

Tengo tantas imágenes grabadas que no sé cómo expresarlas. Sólo sé que volví a presenciar a la mejor banda de rock de la historia, y sin duda al grupo con el mejor directo del mundo, sin alardes técnicos, sin ningún tipo de puesta en escena más que la de la propia banda con sus instrumentos, sin humitos, ni lásers, ni efectos de luces ni de voz, ni pantomimas varias, el espectáculo lo pone Springsteen, saltando, dejándose la piel, la voz, corriendo, deslizándose, subiéndose al piano, chorreando de sudor, enamorando a todo el mundo. Y como rezaba la gran pancarta que quedó leyendo él y toda la banda en una esquina del Palau al acabar el concierto, como ajenos a las 20.000 personas del Palau que le aclamaban por un instante, tan humanos que daba miedo: “Bruce no cambies nunca, tú eres el jefe, vuelve pronto”. Él se despidió con un “Barcelona, I love you”. Y yo lo viví a 1 metro.

Gracias por todo Bruce. Hasta la próxima. Durante el resto de mi vida podré decir a todo el mundo: “Yo estuve allí”.

 

Fdo. Albert “Big Man” Solà.